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La ley natural o ley de la naturaleza

La idea de la ley natural parte de la convicción de que la realidad tiene peso. Las ideas del bien, el mal, la justicia y la ley deberían basarse no en opiniones, que pueden cambiar según los tiempos y los lugares, sino en lo que todos los seres humanos tenemos en común, independientemente del lugar, el tiempo, la raza, la nacionalidad o religión que se tenga. Ese común denominador es la naturaleza humana y la capacidad de la razón para conocer las causas de la realización, la prosperidad y la consecución de la auténtica felicidad de la naturaleza humana.

El filósofo y teólogo más importante de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino (1224– 1274), explica los orígenes de la ley natural de la siguiente manera:

Summa Theologiae I-II cuestión 94, artículo 2… Mas así como el ente es la noción absolutamente primera del conocimiento, así el bien es lo primero que se alcanza por la aprehensión de la razón práctica, ordenada a la operación; porque todo agente obra por un fin, y el fin tiene razón de bien. De ahí que el primer principio de la razón práctica[1] es el que se funda sobre la noción del bien, y se formula así: «el bien es lo que todos apetecen».

En consecuencia, el primer precepto de la ley es éste: «El bien ha de hacerse y buscarse; el mal ha de evitarse». Y sobre éste se fundan todos los demás preceptos de la ley natural, de suerte que cuanto se ha de hacer o evitar caerá bajo los preceptos de esta ley en la medida en que la razón práctica lo capte naturalmente como bien humano.

Por otra parte, como el bien tiene razón de fin, y el mal, de lo contrario, síguese que todo aquello a lo que el hombre se siente naturalmente inclinado lo aprehende la razón como bueno y, por ende, como algo que debe ser procurado, mientras que su contrario lo aprehende como mal y como vitando. De aquí que el orden de los preceptos de la ley natural sea correlativo al orden de las inclinaciones naturales.

Y así encontramos, ante todo, en el hombre una inclinación que le es común con todas las sustancias, consistente en que toda sustancia tiende por naturaleza a conservar su propio ser. Y de acuerdo con esta inclinación pertenece a la ley natural todo aquello que ayuda a la conservación de la vida humana e impide su destrucción.

En segundo lugar, encontramos en el hombre una inclinación hacia bienes más determinados, según la naturaleza que tiene en común con los demás animales. Y a tenor de esta inclinación se consideran de ley natural las cosas que la naturaleza ha enseñado a todos los animales, tales como la conjunción de los sexos, la educación de los hijos y otras cosas semejantes.

En tercer lugar, hay en el hombre una inclinación al bien correspondiente a la naturaleza racional, que es la suya propia, como es, por ejemplo, la inclinación natural a buscar la verdad acerca de Dios y a vivir en sociedad. Y según esto, pertenece a la ley natural todo lo que atañe a esta inclinación, como evitar la ignorancia, respetar a los conciudadanos y todo lo demás relacionado con esto lo que atañe a esta inclinación, como evitar la ignorancia, respetar a los conciudadanos y todo lo demás relacionado con esto.

[1] Nota de EWTN: En esta distinción, la razón práctica es aquella por la cual consideramos la verdad en referencia a su aplicación, sea la conciencia, o el arte, la música o la tecnología. Es diferente de la razón especulativa, por la cual se conoce la verdad simplemente o por sí misma (como la teología, la filosofía, la matemática o la física).

 

Haz el bien y evita el mal

Este es el principio de la ley natural, según indica Santo Tomás. Todo otro principio, de algún modo, deriva de ella o se reduce a ella.

Santo Tomás también señala que "el bien" no es una simple cuestión de gusto, como puede gustar Mozart y no Beethoven, sino que se trata del "bien" o el "fin" de la naturaleza que todos compartimos. En esto se origina la idea del "bien común".

Así, entonces, las inclinaciones personales varían de persona en persona, de una cultura a otra; sin embargo, todos los seres humanos se inclinan hacia ciertos temas: el "ser", el perpetuar la propia existencia a través de la alimentación, la raza humana a través de la reproducción; el conocer las verdades sobre las cuales se basa la existencia humana auténtica, incluido Dios; y el vivir en sociedad con otros semejantes a uno mismo.

De los principios de la ley natural, entonces, depende el bien común de toda sociedad. No seguirlos significa la ruina no solo de los individuos sino de pueblos enteros, como queda demostrado en la historia.


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